résurrectionResiliencia y Resurrección

Recién acabamos de celebrar la Resurrección de nuestro Divino Señor y quisiéramos hablar de la relación entre LA RESILIENCIA Y LA RESURRECCIÓN o ¿cómo cada humano en su vida tiene la experiencia de la muerte y la resurrección?

¿Cómo Gerardo, niño maltratado, va a encontrar la fuerza para construir una familia y ser un padre atento y amante? ¿Cómo las personas destrozadas por los campos de concentración, las dictaduras, las guerras … encuentran la fuerza para volver a empezar?

San Agustín decía también: “El poder de Cristo nos ha creado y su debilidad nos ha vuelto a crear”.

Así esta re-creación puede ser la resiliencia que es la capacidad de una persona para continuar viviendo, desarrollándose, teniendo proyectos en la vida a pesar de todos los traumas sufridos. Es “vivir con” el trauma, que forma parte de la vida.

Más que resistir, es aprender a vivir también con ese trauma. Una frase célebre que permite resumir la noción de resiliencia es de Nietzsche: “Lo que no mata  hace más fuerte.”

Todos los psicólogos y los que trabajan con niños y adolescentes son conscientes de que el niño tiene un potencial de resistencia, de desarrollo, aún en las situaciones más graves, que tiene recursos para encontrarle o volver a encontrarle sentido a su vida, siempre que le ayuden, le sostengan, le acompañen y si es posible en la duración. Por eso también continuamos rezando por los niños que nos han confiado aunque sean ya adultos. Nuestra ayuda discreta en el secreto de la Comunión de los Santos puede también ayudar a esos niños a avanzar por el camino de la sanación.

Así la resiliencia es la capacidad para movilizar las fuerzas reconociéndose débil y vulnerable. Lo que un niño ha vivido no se olvida, pero puede hacerlo positivo. A menudo para volverse a construir un niño busca a una persona en quien va a confiar y partir de ahí puede comenzar su trabajo de reparación.

A menudo también un criterio de resiliencia que ha salido bien es la apertura hacia los demás. Muchos de esos niños ya adultos, en un proyecto de vida renovada, se ponen  al servicio de los que sufren lo que ellos mismos han sufrido.

Esta capacidad para transformar las fuerzas de muerte que habitan en estos niños maltratados, por los que oramos humildemente, en fuerzas de vida es una realidad del Misterio de la resurrección de Cristo que ha sido sacado de la muerte.

 

A propósito de la resiliencia Stefan Vanistendael, en un artículo publicado en marzo 2006 en el sitio de www.croire.com, decía: “Cristo nos ha liberado de esa profunda alienación indicándonos otra vía: nuestra vida rota, nuestras heridas pueden transformarse en una vida nueva e inesperada. […] Creo, al menos si se acepta la idea de que la resurrección comienza ya sobre la tierra, que esa regeneración puede producirse aquí y ahora. Cristo ha demostrado que ese proceso seguirá más allá del tiempo y del espacio, más allá de nuestros límites naturales. Esto no justifica ni glorifica los sufrimientos humanos, pero puede aliviar la desesperación y abrir el futuro a la felicidad.”

 

Así Cristo ha tomado sobre sí todos los sufrimientos y en particular los de los niños maltratados, que ha muerto y resucitado nos muestra, por el Misterio Pascual, la fuerza de Vida fuente de Amor que Dios pone en cada uno de sus hijos, en cada uno de nosotros.

Nuestra humilde oración ha de ser portadora de esa Esperanza, esa que en la mañana de Pascua le hizo decir a Charles Péguy: “Dios mío, es como si todo fuera nuevo, como si todo empezara esta mañana”

 

Mona, abril 2007